miércoles, 11 de febrero de 2009
Lorena Jordán - Primera colaboración para la Ampolla Cerebral
Lorena Jordán
Yo voy a describírsela según mi imaginación: así de cachonda resultaría en el mundo donde decidí colocarla anoche, después de las cinco de la mañana en que terminé de leer “La voluntad y la fortuna”, espléndida novela de Carlos Fuentes.
Lorena es una mujer como de 30 a 32 años. De 1.70 m de estatura, hija menor de una rica comerciante agrícola tabasqueña, que otrora fuera la flor más bella de Paraíso, Tab., y un viajante médico regiomontano; enamorado de la madre de Lorena, cinco años menor que ella. Su hermana mayor se llama Asunta.
Lorena es, por tanto, una beldad trigueña, de largo cabello castaño, de un moreno bronceado y un centro de gravedad ubicado un palmo por debajo de su cintura de 61 cm. Ojos avellanados de un color café claro enmarcan un sensual rostro ovalado en cuya esquina inferior izquierda un lunar negro pequeño contrasta con su personalidad estrictamente profesional (licenciada en economía egresada del ITAM, con mención honorífica) en esa envoltura altamente erótica. Licenciada licenciosa. Sabrosa.
Al leer yo sobre esa inmensa traidora que es su hermana, sucumbí ante sus encantos, como Josué Nadal en la novela de Fuentes. Hoy mismo; casi veinticuatro horas después de terminarla, puedo imaginarla sonriendo mientras Ruvalcaba hace rodar la cabeza de Josué con un machetazo certero aplicado arteramente desde atrás.
Sin más detenimiento en su cara y su cuerpo; les relato mi versión de su peculiar adolescencia y de un episodio que seguramente les servirá como divertimento a los lectores del autor de Cantar de Ciegos.
Ya acusaba Lorena a sus dieciséis años un andar coqueto y grácil; aunque la diferencia de talla entre el torso y las piernas aún no conformaban al mujerón en el que convertiría: su belleza era a todas luces innegable.
Entre sus amigas figuraba una estudiante recién egresada de la secundaria, como ella, de nombre Gladys Cifuentes, hija de un profesor de la Autónoma de San Luis Potosí, donde vivían las Jordán. La materia que impartía el profesor le venía valiendo un comino a Lorena, a pesar de haberlo escuchado varias veces de la voz de su amiga, a los cinco minutos no podría repetirlo.
Cada vez que Lorena visitaba la casa de Gladys, pasaban largas horas de la tarde tomando nieve de limón en el salón, inmenso lugar donde una chimenea con accesorios vetustos y empolvados. En el cuarto contiguo el profesor repasaba la lección o calificando exámenes. Parecía un hombre viudo o soltero, pues nunca aparecía la sombra de ninguna mujer en su vida; excepto su adorada hija.
Orfebre de antiguos artes alquímicos o químico orgánico, generaba desde el calor de las retortas olores semejantes ora a azufre, a almizcle, hasta el básico sudor e inclusive al olor del semen. El profesor se escabullía en las tardes en que las muchachas veían la televisión (cabe mencionar que en dicha época en San Luis, la televisión sólo se veía desde las 2 hasta las 8 de la tarde únicamente).
El químico quería hacer oro, según una fórmula encontrada en un libro sobre alquimia que –según decía- provenía del connotado Philippus Theophrastus Aureolus Bombastus von Hohenheim, también llamado Paracelso. La interpretación del texto era una versión libre del alemán hablado en Bohemia, traducido por el mismo profesor.
Para concertar el resultado de la receta, se requería sangre de tipo B negativo para trocar los iones ferrosos de la sangre en oro, transmutando metales pesados en una mezcla infernal, revolviendo su contenido frenéticamente a una temperatura a la cual un tortillero se sentiría acalorado.
Mató a Gladys accidentalmente, al sacarle sangre. No sabía que ella tenía la enfermedad de los príncipes, la hemofilia, que es un trastorno hereditario poco común en el cual la sangre no coagula normalmente; a la primera punción que le aplicó el profesor a su hija, habiéndola drogado profusamente, sobrevino la hemorragia. Las sábanas de la muchacha quedaron nadando en sangre.
Por el oro, mató a lo que más quería. Hombre que siempre trabajó demasiado para una vida llena de penurias, a pesar de estar dotado de una inteligencia más allá de lo común. Siendo de niño muy relevante para formar su carácter, haber observado la anatomía interna del cerdo durante su matanza y posterior consumo. El matarife del cerdo había adivinado intuitivamente el ventrículo izquierdo del corazón de la bestia donde atacaría con el puñal de sacrificio. Le adivinó incluso el tiempo en que el animal moriría. No falló en nada.
Cabe mencionar que la técnica también contaba en lo que a matar se trataba. La niña no sufrió.
Soñaba cuán difícil sería matar a una persona al encontrarse con la caja torácica. En sus sueños utilizaba un estilete mejor que un cuchillo de hoja ancha, a fin de penetrar fácilmente los espacios intercostales, tal y como lo había mostrado el matarife al matar al cerdo.
Lorena testimonió el hecho; más nunca lo denunció porque secretamente quería al profesor. Le llevaría después cigarros al Centro de Readaptación Social de Tabasco (Creset), aunque Lorena viajaría con su hermana Asunta a la Ciudad de México, cuando ésta fuera rescatada por Max Monroy.
Nunca más vería al profesor.
lunes, 9 de febrero de 2009
La Madre de Dante
Tengo la fortuna de tener cuatro hijos que se han convertido en mi orgullo, mi admiración y mi cariño cotidiano. En alguna ocasión, una amiga me comentaba que mientras más niños menor calidad de vida. Inmediatamente le respondí pensando en lo relativo del término "calidad de vida". Si se refiere a lo estrictamente económico o material; tal vez mi amiga tenga razón. En mi caso es directamente proporcional.
En el momento que decides tener un hijo decides que a partir de ése preciso momento tu corazón deja de habitar en tu pecho y sale corriendo a convertirse en otra persona.
En ésta ocasión le envío un saludo a una amiga que está a punto de tener a su segundo crío. Le deseo toda la buenaventura y muitos parabéms, como dicen los brasileiros.
A continuación, uno de los más bellos poemas de Siquelianos, fecundo griego de inicios del siglo XX, surrealista como sus coetáneos Kazatzakis y Elitis. Les recomiendo deleitarla con cuidado, suavemente. Ojalá les guste.
La Madre de Dante
Ányelos Siquelianos
Como vacía, en su sueño le pareció Florencia,
cuando despunta el alba,
y que, lejos de sus amigas, en soledad
erraba por las calles.
Y tras ponerse su vestido nupcial de seda,
y los velos de lis,
vagaba por las encrucijadas, y en el sueño
le parecía nueva cada calle.
Y en los cerros que bañaba un aura matinal de primavera,
como enjambres lejanos
lentos y hondos doblaban los agonizantes campanarios
de las ermitas.
Y de pronto, como si se encontrara dentro de un jardín,
en el aire más blanco,
de un jardín vestido de novio, y lleno de naranjos y manzanos,
de una punta a la otra,
y mientras la arrastraban las fragancias, le pareció que se acercaba
a un alto laurel,
en el que un pavo, saltando de peldaño en peldaño,
subía hasta la cima.
Y alargaba su cuello a una y otra rama
rebosante de bayas,
y se comía una, cogía otra y la tiraba al punto
desde la rama al suelo.
Su delantal bordado, alzó involuntariamente
en la sombra, hechizada,-
y he aquí que al instante se le hizo pesada, cargada
de rizadas bayas.
Del esfuerzo del alba, reposó así un momento,
en una nube fresca-
y sus amigas, alrededor de la cama, estaban esperando
para acoger al niño.
Trad. Ramón Irigoyen.
jueves, 5 de febrero de 2009
Primera Sesión de la Ampolla Cerebral
jueves, 29 de enero de 2009
Gracias a los seguidores del blog
martes, 27 de enero de 2009
La inmediatez
Entiéndase la inmediatez como la duración del período antes y después del momento actual en el que el sujeto tiene conciencia de la situación que le rodea. En dicho período aprende, hereda conocimiento, madura como ser humano y se desenvuelve emotiva, sicológica y sociológicamente y recuerda.
La limitación radica en el hecho que –aparentemente- la inmediatez tiene una relación directamente proporcional con el coeficiente intelectual.
Realicé una práctica en 45 individuos mexicanos, 23 hombres y 22 mujeres; de distinto estrato social, desde el de ingresos de 1.2 salarios mínimos vigentes en el Distrito Federal, hasta el de 18 veces el valor de referencia.
La aplicación del nivel de inmediatez, consiste en la evaluación en el sujeto de un test de sesenta preguntas en el que aparecen las preguntas siguientes (es una muestra):
Qué tan seguido le suceden las siguientes situaciones (conteste muy seguido, a veces, rara vez, nunca):
1) Olvido las llaves de mi casa en algún otro lugar
2) Olvido la contraseña de acceso a mi cuenta de banco (NIP)
3) Olvido el nombre de una persona que conocí hace un año
4) No recuerdo la dirección de mi casa
5) No recuerdo el teléfono de mi casa
6) Cometo el mismo error que cometí el día de ayer
7) No sé para qué era éste cuestionario
8) No sé cómo me llamo
9) Estudié inglés durante más de un año y ahora no puedo entenderlo ni hablarlo
10) Estudié mi carrera durante más de cuatro años y no recuerdo ni los temas básicos
11) Confundo los nombres de mis hijos
12) Anoto en papeles mis tareas para el día de mañana
13) Cuando estoy haciendo algo difícil me molesta que me distraigan
14) No puedo hacer más de una cosa al mismo tiempo
15) No sé dónde vivo
16) Me equivoco al decir el nombre de la empresa u organización para la que trabajo
17) No recuerdo el nombre de la película que fui a ver el fin de semana pasado
18) No recuerdo qué equipo ganó la temporada anterior
19) Desconozco el nombre de mi vecino más cercano
20) No recuerdo el segundo apellido de mi jefe
21) No recuerdo el segundo apellido de mi subalterno
Conclusión: Existe una relación directamente proporcional entre el grado de inmediatez y el coeficiente intelectual; no asociado al nivel socioeconómico ni al género ni a la edad.
viernes, 23 de enero de 2009
Una entrevista de poca madre
domingo, 18 de enero de 2009
Vean al sol, el primero
A unos cinco minutos en auto de la casa de ustedes (así se dice en México al referirse a la casa propia) está el Bosque de Tláhuac. Ayer me di una vuelta en el momento perfecto: entre las once y las catorce horas. Después de una mañana gélida –a la que estamos los chilangos desacostumbrados-, pude ir a un safari botánico con los pequeños. La idea sonaba aburrida, pero pronto tornóse divertida, al encontrar las instalaciones casi vacías y con un mínimo de gente recorriendo el bosque.
Tuvimos oportunidad de caminar alrededor de dos horas buscando plantas, hojas y raíces de distintas formas. En realidad gocé mucho el paseo. No había prisa; el clima era agradable y estaba yo bien acompañado.
El motivo de la reflexión que les quiero compartir es el siguiente: Se encuentran tan cerca de nosotros satisfactores tan simples de acceder y tan completos en lo que nos brindan como los que les acabo de describir.
Ya Jodorowsky en su “Cabaret místico” cuenta el siguiente cuento:
A un buscador de la verdad le cuentan que existen flores que brillan tanto como el sol. Comienza infructuosamente a buscarlas. Se le convierten en una obsesión. Durante años recorre el planeta rastreando esas luminosas flores sin encontrar ninguna. Decepcionado, convencido de que no existen, se sienta al borde de un camino con la decisión de ayunar hasta morir de hambre. Al cabo de unos días ve pasar a un viejo campesino llevando en sus brazos un enorme ramo de flores que brillan tanto como el sol. Asombrado, le pregunta:
-Dígame, buen hombre, ¿Cómo puede usted encontrar tantas de estas flores cuando yo, a pesar de haber recorrido el mundo entero, nunca las vi?
-Muy fácil –responde el viejo-: por la mañana, apenas me despierto, miro fijamente al sol. Luego, veo estas flores por todas partes.
Sé que no es fácil la tarea. Viene inmediato a mi mente el trabajo que ocupa mis entresemanas, en donde el difícil ambiente laboral opaca el sol continuamente, pero hay elementos suficientes para verlo a través de las nubes de polvo y niebla densa, gris y oscura.
Aprovecho para comentar mi intento de ingreso a la prestigiosa revista electrónica “Ampolla Cerebral”. A ver qué tal me va. Léanme allí próximamente.
domingo, 11 de enero de 2009
Las siete leyes de la Torta
sábado, 3 de enero de 2009
El Hablador de Vargas Llosa
Muestra Gastronómica en Xalapa

Les contaré que pasé mis vacaciones (la mayor parte de ellas) en
Sin embargo, no les importunaré con tales estupideces. Les contaré de una de las experiencias allí vividas. Caminaba por una de sus empinadas calles, a la hora en que arrecia el hambre, cuando de pronto vi una muestra de la gastronomía xalapeña: “periquito al vino” el platillo vale 85 pesos por si les interesa. Lo pueden degustar en Av. Revolución, Colonia Centro, Xalapa, Ver. (Cerca de la veterinaria). Es un platillo extremadamente delicioso, puede ser al vino tinto o blanco, recomendándose ampliamente éste último por ser el periquito carne blanca.
Saludos.